Muchos de nosotros hemos estado en esta situación clásica: estás disfrutando de un delicioso almuerzo al aire libre o en la cocina, y de repente, una molesta mosca se posa sobre tu plato. Lo más común, y lo que casi todos hacemos por costumbre, es espantarla con la mano y continuar comiendo como si nada hubiera pasado. Sin embargo, los expertos en microbiología y salud alimentaria advierten que este pequeño descuido podría ser un grave error para tu salud.
A diferencia de otros insectos, las moscas domésticas no tienen dientes ni pueden masticar alimentos sólidos. Para poder alimentarse, realizan un proceso biológico que resulta verdaderamente perturbador: vomitan un líquido rico en enzimas digestivas directamente sobre tu comida para disolverla y, posteriormente, succionarla. Pero lo más alarmante no es este fluido digestivo, sino los lugares que este insecto visitó antes de aterrizar en tu mesa.
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