Intenté mantener la calma.
—¿Qué es lo que no debes decirme? —le pregunté suavemente.
Pero ella no respondió. Solo bajó la cabeza, nerviosa, jugando con sus dedos.
Algo en su comportamiento no era normal. No parecía un juego de niños.
Sentí una pequeña incomodidad… como si hubiera algo que no estaba viendo claramente.
Decidí no presionarla más.
Pero ella volvió a hablar, esta vez señalando hacia el pasillo:
—No mires cuando estés ahí…
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