Las semillas de chía también aportan ácidos grasos omega-3 de origen vegetal, principalmente ácido alfa-linolénico (ALA). Estos lípidos participan en la modulación de procesos inflamatorios y pueden contribuir al mantenimiento de la salud cardiovascular cuando se consumen dentro de un patrón dietético adecuado.
En términos de hidratación, si la chía se consume previamente hidratada, su capacidad de retener agua puede favorecer una liberación más lenta de líquidos en el sistema digestivo, apoyando el tránsito intestinal y ayudando a prevenir el estreñimiento en personas predispuestas.