Además, algunas de las moléculas detectadas están sospechadas de ser disruptores endocrinos, capaces de interferir con el sistema hormonal incluso a dosis bajas. Así, consumir fresas de manera habitual puede exponer a riesgos invisibles pero reales, sobre todo cuando su origen no está claramente identificado.
¿Por qué algunas fresas están más expuestas a los pesticidas?
No todas las fresas presentan el mismo nivel de riesgo. En realidad, todo depende del modo de producción y del país de origen. En algunas regiones de Europa, el cultivo intensivo se basa todavía en el uso masivo de productos fitosanitarios para aumentar los rendimientos.
En estas zonas, los cultivos se extienden por miles de hectáreas y suelen estar protegidos por invernaderos o plásticos, lo que favorece la humedad y las enfermedades. Como resultado, los tratamientos químicos se multiplican a lo largo de todo el ciclo de producción.
Además, la presión económica desempeña un papel clave. Para responder a la demanda constante de los supermercados, los productores se ven incentivados a entregar fresas visualmente perfectas, incluso si ello implica usar más pesticidas. De este modo, la apariencia se vuelve prioritaria, a veces en detrimento de la calidad sanitaria.