¿El truco?
El secreto es simple: comienza cada mañana con un vaso de agua tibia en ayunas, no agua corriente, sino agua estructurada.
La temperatura debe ser de aproximadamente 40 °C —no hirviendo, pero perceptiblemente caliente—.
El agua se enriquece con una pizca de sal marina y unas gotas de jugo de limón.
Esta combinación “enciende” el cuerpo por la mañana: activa la digestión, ayuda a la desintoxicación y satura las células con humedad y minerales.