Muchas veces la enfermedad aparece a los 40 o 50 años, pero en realidad se fue formando durante mucho tiempo. Pequeñas decisiones diarias, repetidas durante años, pueden terminar afectando seriamente la salud.
La edad puede aumentar el riesgo, pero no es el verdadero origen.
En muchos casos, lo que realmente marca la diferencia son los hábitos que construimos todos los días.
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