¿Sabías que…? A diferencia de la sangre, la linfa no circula por sí sola: necesita tu movimiento para avanzar. Cuando nos sentamos o permanecemos inactivos durante demasiado tiempo, se estanca y las toxinas se acumulan. El resultado: sensación de pesadez, falta de energía e incluso frecuentes dolores y molestias leves
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