Paso 1: Aplica la regla de oro "3 a 1". La fórmula maestra para cualquier vinagreta perfecta es universal: tres partes de aceite de oliva virgen extra por una parte de componente ácido (ya sea el jugo de cítricos como la naranja o el limón, o un buen vinagre). Pon los ingredientes en un frasco de vidrio con tapa y agita vigorosamente hasta que emulsione.
Paso 2: Usa activadores metabólicos. No te quedes solo en el aceite y el vinagre. Añade especias termogénicas a tu frasco; el jengibre rallado (para la versión asiática con soya) o el ajo finamente triturado son excelentes aceleradores metabólicos y antibióticos naturales que transforman tu ensalada en medicina preventiva.
Paso 3: Prepara por lotes para la semana. Para que no caigas en la tentación del supermercado por pereza, no hagas aderezo todos los días. Prepara tu vinagreta favorita, como la de tomate seco, en mayor cantidad el domingo. Guárdala en la nevera y tendrás sabor asegurado, rápido y libre de químicos de lunes a viernes.
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