Pero es precisamente en ese momento cuando un pequeño inconveniente viene a perturbar este mecanismo bien engrasado.
Todo empezó con una molestia apenas perceptible: tragar se estaba volviendo un poco incómodo. Nada preocupante al principio. Mark pensó que era un simple reflujo o una ligera irritación de garganta. Con un poco de agua, desapareció.
Pero dos meses después, el problema empeoró. Comer se convirtió en un verdadero desafío, incluso con los alimentos más blandos. La hora de comer, antes una fuente de renovado placer , se convirtió en una fuente de ansiedad. Así que Mark decidió buscar ayuda.
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