Cuando eras chico y no podías dormir, tu abuela te daba un vaso de leche tibia con miel o un plátano con un poco de pan. No era ritual nostálgico. Era bioquímica intuitiva. La leche, el pavo, los huevos, los frutos secos y el plátano contienen triptófano, un aminoácido que el cuerpo convierte primero en serotonina y luego en melatonina. La hormona que controla el sueño.
El problema es que el triptófano solo cruza al cerebro si lo acompañas de un carbohidrato pequeño. Sin la subida moderada de insulina, otros aminoácidos compiten con él y lo bloquean en la barrera hematoencefálica. Por eso comer solo pavo no funciona. Comer pavo + un trozo de pan integral sí. Comer plátano solo da menos efecto. Plátano + media tostada da el doble. El equipo de Richard Wurtman en el MIT publicó la mecánica exacta en 1989 y desde entonces se ha confirmado en al menos 18 ensayos clínicos.
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