El falso envejecimiento ocurre cuando el sistema nervioso periférico comienza a deteriorarse silenciosamente, enviando señales de dolor que se confunden con el desgaste natural de los huesos o los músculos. En la gran mayoría de los casos, el verdadero culpable es el daño en la vaina de mielina, una capa protectora que rodea las fibras nerviosas y que funciona exactamente como el aislamiento plástico de un cable eléctrico. Cuando esta capa se desgasta, los impulsos eléctricos se "cruzan" o se debilitan, provocando que el cuerpo interprete cualquier movimiento simple como un dolor agudo o un corrientazo.
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