Escuchan cada palabra, cada grito y cada silencio lleno de tensión.
Cuando un niño ve a sus padres discutir constantemente delante de él, algo cambia dentro de su corazón. Empieza a sentir miedo, inseguridad y tristeza. A veces incluso piensa que él es la causa del problema.
Para un niño, sus padres son su mundo.
Son su ejemplo, su refugio y su lugar seguro.
Cuando ese refugio se llena de gritos, reproches y discusiones, el niño puede empezar a perder la tranquilidad que necesita para crecer sano emocionalmente.
Muchos niños que viven estas situaciones:
se vuelven más callados y sensibles
sienten ansiedad o tristeza sin saber por qué
pueden repetir el mismo comportamiento cuando sean adultos
Los hijos no necesitan padres perfectos.