Minutos Antes De Su Ejecución Pidió Algo… Un Ladrido Lo Cambió Todo…
5:30 de la mañana.
En 3 horas y media estaría muerta.
El sonido metálico de los pasos resonó en el pasillo cuando el director James Craford se acercó a su celda.
Su rostro curtido mostraba el peso de 28 años en el sistema penitenciario, pero hoy había algo diferente en sus ojos.
—Sara —dijo en voz baja, deteniéndose ante los barrotes de acero—. ¿Necesitas algo antes de…?
Sara levantó la vista con los ojos marrones vacíos, pero decididos.
—Hay una cosa, director Craford.
Sé que suena descabellado, pero necesito ver a Max una vez más.
Craford frunció el ceño.
—¿Max?
—Mi perro —susurró Sara con la voz ligeramente quebrada—.
Es un pastor alemán.
Mi hermana Rebeca lo ha estado cuidando desde que estoy aquí.
Conozco las reglas, pero por favor, es todo lo que me queda.
Es el único que todavía cree que soy inocente.
El director se movió incómodo.
En todos sus años nunca había recibido una petición así.
No se permitían animales en la máxima seguridad y menos aún el día de la ejecución.