¿Qué opinas de esta imagen? Muchos no entienden lo que realmente pasa aquí…

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Marina trabaja en marketing; su esposo, Igor, en finanzas. Son buena gente, o eso me decía yo para convencerme. Siempre andan cansados, siempre ocupados. La guardería es carísima, la escuela es un lío, las clases extracurriculares son peor.
Cuando nació Beto, me miraron como si se estuvieran ahogando.
— Mamá, no nos alcanza para una nana —me dijo Marina—. Y no le vamos a confiar al niño a una desconocida. Solo a ti.
Y acepté. Porque no quería ser una carga, así que me convertí en el pilar.
Mi día empieza a las 5:45 am. Manejo hasta su casa. Hago el desayuno —pero no cualquier cosa, tiene que ser comida "de verdad", porque Santi no come avena instantánea—. Alisto a los niños. Los llevo a la escuela. Regreso y trapeo pisos que yo no ensucié y lavo baños que yo no usé. Luego sigue la salida de la escuela, el fútbol, el inglés, las tareas.
Yo soy la "abuela del régimen". La abuela del "no". La abuela de las reglas.
Y luego está Elena, la mamá de Igor.
Ella vive en un departamento de lujo frente al mar. Se hizo su lifting, se la pasa de viaje, tiene carro nuevo. Ve a sus nietos dos veces al año. Elena no sabe que Beto tiene alergias. No sabe cómo calmar a Santi cuando llora por las matemáticas. Ella nunca ha tenido que limpiar el vómito de un niño en el asiento del carro.

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