1. Enfría tu cuerpo antes de acostarte
Para entrar en un sueño profundo, tu cuerpo necesita reducir ligeramente su temperatura. Este descenso calma la actividad de ciertas neuronas que te mantienen alerta, permitiendo que tu cerebro se relaje y descanse mejor. Es un proceso natural, pero si duermes con calor, se dificulta y tu sueño se vuelve más ligero. Para favorecerlo, date una ducha con agua tibia 60-90 minutos antes de dormir o mantén tu habitación fresca, idealmente entre 18 y 20 grados centígrados. La clave está en que tu cuerpo pierda calor después del baño, lo que reduce el estado de alerta y facilita un descanso profundo.
2. Mueve tu cuerpo de forma ligera por la noche
Caminar de 5 a 10 minutos, estirarte o hacer movimientos suaves ayuda a liberar la tensión muscular acumulada durante el día y relaja el sistema nervioso. Muchas veces nos acostamos con el cuerpo tenso sin darnos cuenta, y esa tensión, que no desaparece sola, puede fragmentar el sueño durante la madrugada.
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