“El héroe que huye de su dragón deja al pueblo sin protección. El que lo enfrenta regresa con el conocimiento que el pueblo necesita para enfrentar el suyo.” — Joseph Campbell
Campbell no describía el viaje del héroe como una aventura. Lo describía como una necesidad estructural: sin el descenso al abismo, sin el enfrentamiento con lo que habita en la oscuridad propia, el héroe no puede ofrecer al pueblo lo que el pueblo necesita.
El héroe que huye deja al pueblo con el dragón sin matar y sin el conocimiento de cómo matarlo.
En el campo familiar, ese pueblo son los hijos.
Quien huye de su propio abismo — de la historia no resuelta, del patrón no mirado, de la herida que duele demasiado para ser nombrada — no neutraliza el abismo. Lo transfiere. El hijo crece en el borde de un abismo que no entiende, que no puede nombrar, que no sabe cómo cruzar porque nadie que lo cruzara antes le dejó el mapa.
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