EL DÍA QUE ENTENDÍ QUE MI VIDA NO NECESITABA SER COMO LA HABÍA IMAGINADO

Pero ningún sueño viene sin sacrificios.

Con el tiempo llegaron los vuelos largos, los cambios de horarios, los viajes inesperados y las fechas importantes celebradas lejos de casa.

Y también llegaron las despedidas.

Una relación terminó porque mi pareja estaba cansada de esperar.

Otra persona apareció en mi vida, pero nuestros horarios nunca coincidían.

Una cena se convirtió en un vuelo.

Un fin de semana juntos terminó siendo una escala en otra ciudad.

Y poco a poco, sin darme cuenta, mi vida comenzó a dividirse entre el cielo y todo aquello que había dejado en tierra.

Hasta que llegó este cumpleaños.

Y por primera vez me hice una pregunta que llevaba años evitando:

¿Cuánto de mi vida había entregado para poder cumplir mi sueño?PARTE 2 — LO QUE DEJÉ EN TIERRA

El avión todavía estaba en tierra cuando recibí un mensaje de mi madre.

“Feliz cumpleaños, hija. Ojalá pudiera abrazarte ahora mismo.”

Sonreí.

Después llegó otro.

“Estamos orgullosos de ti. Nunca olvides que siempre tendrás un hogar al que regresar.”

Leí aquellas palabras dos veces.

Luego bloqueé la pantalla y miré hacia adelante.

La cabina estaba tranquila.

Mis compañeros se preparaban para el vuelo, los pasajeros comenzaban a ocupar sus asientos y el aeropuerto seguía con su movimiento habitual.

Para todos era un día cualquiera.

Para mí, era un día de recuerdos.

Recordé mi primer gran cumpleaños después de convertirme en piloto.

Había planeado cenar con alguien especial.

Habíamos reservado una mesa y yo llevaba varios días esperando aquel momento.

Pero unas horas antes recibí una llamada.

Había un cambio en el vuelo.

Tenía que trabajar.

Cuando llegué a la cita, ya era demasiado tarde.

La persona que me esperaba había dejado una pequeña caja sobre la mesa.

Dentro había un regalo y una nota.

“Entiendo que tu trabajo es importante. Pero también quiero sentir que yo lo soy.”

Aquella frase me dolió más que cualquier discusión.

Intenté arreglar las cosas.

Pero algunas distancias no se pueden medir en kilómetros.Pasaron los meses y la relación terminó.

No hubo grandes peleas.

No hubo culpables.

Solo dos personas que querían cosas diferentes en momentos diferentes.

Yo quería seguir volando.

La otra persona quería construir una vida con más presencia y estabilidad.

PARTE 2 — LO QUE DEJÉ EN TIERRA

El avión todavía estaba en tierra cuando recibí un mensaje de mi madre.

“Feliz cumpleaños, hija. Ojalá pudiera abrazarte ahora mismo.”

Sonreí.

Después llegó otro.

“Estamos orgullosos de ti. Nunca olvides que siempre tendrás un hogar al que regresar.”

Leí aquellas palabras dos veces.

Luego bloqueé la pantalla y miré hacia adelante.

La cabina estaba tranquila.

Mis compañeros se preparaban para el vuelo, los pasajeros comenzaban a ocupar sus asientos y el aeropuerto seguía con su movimiento habitual.

Para todos era un día cualquiera.

Para mí, era un día de recuerdos.

Recordé mi primer gran cumpleaños después de convertirme en piloto.

Había planeado cenar con alguien especial.

Habíamos reservado una mesa y yo llevaba varios días esperando aquel momento.

Pero unas horas antes recibí una llamada.Había un cambio en el vuelo.

Tenía que trabajar.

Recent Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *