El mayor error de las personas que intentan perder peso es creer que la única solución es matarse de hambre o pasar horas interminables en un gimnasio. La ciencia médica ha demostrado que el exceso de peso, en la mayoría de los casos, no es solo acumulación de grasa, sino un estado de inflamación crónica y un metabolismo completamente ralentizado debido a las toxinas cotidianas. Cuando el cuerpo está inflamado, las hormonas que controlan la saciedad, como la leptina, dejan de funcionar correctamente, obligando al cerebro a pedir comida constantemente, especialmente carbohidratos y azúcares.
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