Te soy sincero: pocas cosas huelen tan bien como unos panqueques dorados haciéndose en la sartén un domingo por la mañana. En casa, cuando preparo esta receta, el desayuno se convierte en plan. Sin prisas, sin líos raros y con ingredientes de los de siempre.
Lo mejor de todo es que no hace falta ser un crack en la cocina. Con esta receta, los panqueques quedan dorados por fuera, tiernos por dentro y con ese punto dulce justo que apetece repetir. Vamos, de los que desaparecen rápido del plato… y luego vienen las excusas.
Si buscas una receta sencilla, casera y que funcione tanto para desayunos como para meriendas, quédate por aquí.