Dormir bien no es solo cuestión de cerrar los ojos; es un proceso biológico profundamente regulado en el que intervienen la temperatura corporal, el sistema nervioso y la sensación de seguridad. Uno de los hábitos más comunes —y muchas veces subestimado— es el de cubrirse con una manta o sábana para dormir. Lejos de ser solo una costumbre, tiene una base científica clara.
El cuerpo humano sigue un ritmo circadiano que regula funciones como la temperatura interna. Para iniciar el sueño, el organismo necesita reducir ligeramente su temperatura central. Curiosamente, cubrirse ayuda a facilitar este proceso. Al usar una manta, se crea un microambiente térmico estable que permite al cuerpo redistribuir el calor de forma más eficiente, favoreciendo la transición hacia el descanso profundo
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