En la actualidad, es común que tengamos la agenda llena de actividades y compromisos. Y en muchas ocasiones, entre tantos pendientes, terminamos olvidando la razón por la que hacemos estas actividades. Con respecto a este contexto, el filósofo Friedrich Nietzsche, en su obra El ocaso de los ídolos, justo en la sección Sentencias y flechas, dejó una reflexión sobre el tema: “Quien tiene un porqué soporta casi cualquier cómo”.
Lo que nos quiere decir con esto es que, cuando una persona tiene una razón clara, puede ordenar mejor sus esfuerzos, tolerar incomodidades y decidir qué merece su energía. Adoptar pequeños hábitos de auditoría permite recuperar la dirección del día a día, sin exigir cambios a gran escala.
El porqué como brújula cotidiana
La frase de Nietzsche, y su versión fluida que popularizó el psiquiatra Viktor Frankl, funciona como recordatorio de que la resistencia humana se asienta en la claridad de los motivos internos. Y es que si estamos 100 % seguros de por qué hacemos algo, el cómo (esfuerzo, presión, críticas, entre otros) se convierte en un trámite aceptable y no en un motivo de parálisis.
Tener una razón clara y definida funciona en tu día a día como un filtro de prioridades para tu agenda. Para ponerlo en práctica comienza por observar las actividades que haces en tu semana, y pregúntate —de forma honesta—, ¿por qué las realizas?
Si tu respuesta es “por inercia” o “porque otros lo esperan”, es probable que ese esfuerzo te esté consumiendo sin devolver nada a cambio. En ese caso, conviene decirle “no” a esa actividad y destinar la energía a otra que tenga mayor sentido con tus objetivos personales.