Te das cuenta cuando ya es tarde; estás en una reunión, viendo una serie o simplemente esperando algo, y tus dedos ya están en tu boca. Morderse las uñas es un gesto automático que a menudo se etiqueta como un “mal hábito” o una señal de nerviosismo, y que genera frustración cada vez que ocurre.
Sin embargo, la realidad es mucho más matizada. La onicofagia (el térmico técnico para este hábito) es una conducta repetitiva que el cuerpo usa como una forma de autorregulación. Por eso, en lugar de verlo como una debilidad, es más útil entenderlo como una estrategia física que has aprendido para gestionar ciertas sensaciones, desde la tensión hasta la falta de estímulos.
Los 4 detonantes más comunes
Aunque alrededor de entre el 20 % y el 30 % de la población se muerde las uñas, las razones varían. Estas son las causas más observadas.
- Como respuesta al aburrimiento o al hambre. En situaciones de baja estimulación, como ver una película poco interesante o estar en una reunión larga, o de hambre, tu cerebro busca una distracción para mantenerse activo.
- Para gestionar la tensión. Es la causa más conocida. Al sentir ansiedad, estrés, nervios, frustración o impaciencia, morderse las uñas es una forma de afrontar esa sensación. Te brinda una distracción y una sensación de control.
- Como resultado del perfeccionismo y la autoexigencia. Un estudio del año 2015 menciona que algunas personas que son perfeccionistas podrían morderse las uñas cuando están frustradas o impacientes porque algo no les sale como desean.
- Como resultado de la genética. Algunas investigaciones indican que la genética influye en si una persona se muerde las uñas o no. Aunque no todos los científicos están seguros de esto, es posible que los niños cuyos padres se muerden las uñas también tiendan a hacerlo.
Es muy fácil caer en simplificaciones, pero este gesto no es una sentencia sobre quién eres.