Pero mamá... mamá se levantó con una calma escalofriante. Sus tacones resonaban como sentencia en el piso de mármol. Se acercó a la mujer, se inclinó, y le susurró algo al oído.
En dos segundos, la otra pasó de tragedia griega a coyote perseguido. Salió de la funeraria como si le hubieran prendido fuego al vestido negro.
"Mamá", le dije cuando volvió a sentarse, "¿qué demonios le dijiste?"
Ella alisó su falda, tomó un sorbo de agua, y me miró con una sonrisa que nunca le había visto.
"Le dije que el seguro de vida de dos millones era mío, no suyo."
Me quedé congelada. "¿Papá tenía un seguro de DOS MILLONES?"
"Ajá. Tu padre era muchas cosas, pero tonto no era. Lo renovó el año pasado." Hizo una pausa. "La beneficiaria siempre fui yo."
"Pero... ¿ella pensaba que...?"
"Por lo visto tu padre le prometió muchas cosas. Un departamento en la playa, un carro nuevo, 'empezar una vida juntos'." Mamá suspiró. "Los hombres dicen cada cosa."
Tía Ernestina se acercó, claramente había escuchado todo. "Elsa, siempre supe que eras la más lista de la familia."
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