😮😮Dormimos en la misma cama durante diez años sin tocarnos ni una sola vez. Todos pensaban que nuestro matrimonio estaba muerto, pero la verdad dolía mucho más. Hay heridas que pueden abrirse de nuevo con un simple roce.
Pero algo me mantenía ahí.
La culpa.
El amor.
El miedo.
Tal vez todo al mismo tiempo.
Una noche, después de muchos años, finalmente me atreví a hablar.
—Mariana… ¿hasta cuándo vamos a vivir así?
Ella no se volteó. Su voz salió apenas audible.
—Tal como estamos viviendo… es lo único que me queda.
—¿Me odias?
Tardó un momento en responder.
—No —dijo—. Pero tampoco puedo tocarte.
Sus palabras dolieron más que cualquier insulto.
Con el tiempo, su salud empezó a deteriorarse. Dolores constantes, cansancio, visitas al médico. Yo siempre iba con ella. Siempre a su lado. Pero siempre a distancia.
Una tarde, el médico me llevó aparte y me dijo algo que me dejó paralizado…
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