Evita beber grandes cantidades de agua justo antes de acostarte.
Reduce café, refrescos y alcohol en la noche.
Cena ligero y al menos dos horas antes de dormir.
Si el problema persiste, consulta a un médico para descartar diabetes, infecciones urinarias o problemas de próstata.
Dormir bien no depende de una fórmula mágica, sino de pequeños hábitos constantes. Una rutina nocturna tranquila, una alimentación ligera y un descanso adecuado pueden hacer una gran diferencia en cómo te sientes cada mañana.