Lo que la guerra le hizo al amor

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En ovejas, liberar oxitocina en el cerebro materno es indispensable para que la madre reconozca a su cría. Sin oxitocina, no hay vínculo. En ratones sin el gen de la oxitocina, los animales dejan de reconocer a sus congéneres: no son agresivos ni enfermos. Simplemente ya no saben quién es quién en el mundo social.

En humanos, el estilo de apego de la madre —cómo fue amada cuando era pequeña— predice directamente la magnitud de su respuesta oxitocinérgica ante su bebé. El amor que recibiste programa el amor que puedes dar.

Esto es neurociencia reproducible.

Lo que sabemos de Érina y los jinetes

Los arqueólogos llaman al mundo de Érina "cultura neolítica de la Vieja Europa". Las comunidades donde vivía eran, para los estándares de su tiempo, asombrosamente igualitarias. En Çatalhöyük (Turquía, 7.000 a.C.) las viviendas tienen tamaños similares. No hay palacios ni templos militares. Hombres y mujeres reciben ajuares funerarios comparables.

La arqueóloga Marija Gimbutas documentó que estas culturas veneraban figuras de fertilidad, construían asentamientos comunitarios y carecían de arquitectura de guerra. No eran utopías, pero su lógica organizativa se centraba en el territorio y la reproducción de la vida.
La acumulación de poder sobre otros no era el eje.

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