Lo que la guerra le hizo al amor

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Si esto es posible con traumas de dos o tres generaciones, ¿qué deja una historia de 4.500 años de violencia estructural y ruptura vincular sistemática?

La herencia que podemos reescribir

La historia no es determinista. Esa es la noticia más importante.

La misma plasticidad epigenética que permitió que el trauma se inscribiera en el cuerpo permite también su reversión. Las marcas de metilación no son permanentes. Responden al entorno, también ahora. Un estudio de 2019 demostró que la psicoterapia focalizada en el apego —la que trabaja específicamente la relación madre-bebé en mujeres con historia de trauma— reducía la metilación del OXTR en sus hijos.
La terapia modificó la expresión del gen.

No es magia. No es metáfora.
Es biología.

Los inductores naturales del sistema oxitocinérgico siguen siendo los mismos que hace 5.000 años, cuando Érina cargaba a su bebé: el contacto piel con piel sostenido, la lactancia prolongada, la respuesta sensible y rápida al llanto, la presencia tranquila de un cuerpo regulado junto a un cuerpo que todavía no sabe regularse solo.

El neurocientífico Stevens Rehen, del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Federal de Río de Janeiro, describe su estrategia de salud vincular de un modo que ningún paper podría superar: asegura su dosis diaria de oxitocina viendo a sus dos hijos pequeños tranquilos.
"Lo que reduce su ansiedad", dice.

Cuatro mil quinientos años después de los jinetes, la respuesta más sofisticada que tenemos sigue siendo la más simple: estar presentes para quienes amamos, y dejar que esa presencia nos sane.

Érina no sobrevivió a los jinetes.
O quizás sí, de otra forma: en las hijas e hijos que tuvo, en los patrones de metilación que heredaron, en la memoria corporal de ese amor que ninguna conquista pudo borrar por completo.

Porque si el trauma se transmite, también se transmite el amor.

Cada vez que un padre carga a su bebé en brazos. Cada vez que una madre responde en la noche. Cada vez que alguien adulto aprende, con ayuda, a cuidarse a sí mismo como no fue cuidado.
Estamos, siempre, escribiendo el próximo capítulo epigenético de una historia que comenzó mucho antes de que naciéramos.

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