Lo que la guerra le hizo al amor

679367870 1427732185822344 3607757244302248149 n


El segundo es el cortisol, la hormona del estrés. En contextos de violencia crónica y jerarquía basada en el miedo —exactamente lo que describen los registros Yamna—, el cortisol elevado suprime los receptores de oxitocina. Hay menos oxitocina. Y hay menos capacidad de responder a ella.

La madre que vive aterrada no puede amar de la misma manera que la madre que vive segura. No porque no quiera. Su biología, secuestrada por el estrés, carece de los recursos para hacerlo.

Esto ocurría en la Europa del 3.000 a.C.: millones de mujeres criando hijos en trauma colectivo, con el sistema oxitocinérgico suprimido por el miedo, la jerarquía y el alcohol.

La herencia que podemos reescribir

¿Cómo llega eso hasta nosotros, cuatro mil años después?

La respuesta está en la epigenética. Y es una de las ideas más esperanzadoras —y también perturbadoras— de la ciencia contemporánea.

La epigenética es el mecanismo por el cual las experiencias ambientales dejan marcas químicas en el ADN sin modificar la secuencia genética. Como notas escritas al margen de un libro: el texto original no cambia, pero esas anotaciones determinan cómo y cuándo se lee cada capítulo.

El gen OXTR —el que codifica el receptor de oxitocina— es particularmente sensible a estas marcas. Cuando el entorno temprano está marcado por el estrés, el abuso o la ausencia de cuidado sensible, ciertas regiones del OXTR se metilan: se cierran, silenciando la expresión del gen. El resultado es un individuo con menor capacidad para activar el sistema del vínculo.
Puede amar. Pero necesita más, porque su biología parte con un déficit.

Y esto trasciende lo individual. Los patrones de metilación del OXTR se transmiten de madres a hijos. Existen correlaciones significativas entre la metilación del gen en madres e hijos que no se explican solo por la genética compartida. La experiencia de la madre —su trauma, su estrés, su falta de cuidado— se inscribe en la biología del bebé antes de que tenga ninguna experiencia propia.

Más aún: investigaciones con descendientes de sobrevivientes del Holocausto, de comunidades indígenas colonizadas y de afrodescendientes con historia de esclavitud muestran alteraciones epigenéticas en genes de respuesta al estrés —incluyendo el OXTR— que correlacionan con la exposición traumática de sus ancestros.
El cuerpo recuerda lo que la mente nunca vivió.

Recent Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *