El hígado también tiene un papel importante en el manejo del azúcar, sobre todo cuando se trata de fructosa. Cuando se consume en grandes cantidades, el hígado puede transformar parte de esa fructosa en grasa, lo que contribuye al desarrollo de hígado graso no alcohólico, una condición metabólica que se observa cada vez con mayor frecuencia.
Otro fenómeno relacionado con el consumo elevado de azúcar es el estrés oxidativo, que ocurre cuando hay un desequilibrio entre los radicales libres y la capacidad del organismo para neutralizarlos mediante antioxidantes. Este proceso puede afectar a las mitocondrias, las estructuras encargadas de producir energía dentro de las células, alterando así el funcionamiento metabólico.
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